La infección por clamidia es una enfermedad de transmisión
sexual (ETS) frecuente, causada por la bacteria Chlamydia trachomatis,
que puede afectar los órganos genitales de la mujer. Aunque
generalmente la infección por clamidia no presenta síntomas
o se manifiesta con síntomas leves, hay complicaciones graves
que pueden ocurrir “en forma silenciosa” y causar daños
irreversibles, como la infertilidad, antes de que la mujer se dé cuenta
del problema. Esta infección también puede causar secreción
del pene en un hombre infectado.
La infección por clamidia es la enfermedad de transmisión
sexual bacteriana reportada con mayor frecuencia en los Estados Unidos.
En el 2006, los 50 estados y el Distrito de Columbia reportaron 1,030,911
infecciones clamidiales a los CDC. Muchos casos no se reportan porque la mayoría
de las personas con clamidia no saben que tienen la infección y no
se hacen pruebas para detectar la enfermedad. Además, es frecuente
que se traten los síntomas y no se hagan las pruebas de detección.
Según datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (NHANEs,
por sus siglas en inglés) se calcula que 2,291,000 personas de la
población civil no institucionalizada de los Estados Unidos, entre
los 14 y 39 años de edad sufren de la infección por clamidia.
Las mujeres se vuelven a infectar frecuentemente si sus parejas sexuales
no reciben tratamiento.
Toda persona sexualmente activa puede contraer la infección por
clamidia. Entre mayor número de parejas sexuales tenga la persona,
mayor es el riesgo de infección. Las adolescentes y las mujeres
jóvenes que son sexualmente activas están expuestas a un
mayor riesgo de infección porque el cuello uterino (la entrada
al útero) no se ha formado completamente y es más susceptible
a infecciones. Debido a que la clamidia puede transmitirse durante las
relaciones sexuales orales o anales, los hombres que tienen relaciones
sexuales con hombres también están en peligro de contraer
la infección clamidial.
A la infección por clamidia se le conoce como la enfermedad "silenciosa" porque
casi tres cuartas partes de las mujeres infectadas y cerca de la mitad
de los hombres infectados no presentan síntomas. Cuando se manifiestan,
los síntomas aparecen generalmente entre 1 y 3 semanas después
del contagio.
En las mujeres, la bacteria infecta inicialmente el cuello uterino
y la uretra (el conducto urinario). Las mujeres con síntomas
podrían presentar flujo vaginal anormal o una sensación
de ardor al orinar. Algunas mujeres siguen sin tener signos ni síntomas
aun después de que la infección se propaga del cuello
uterino a las trompas de Falopio (los conductos que transportan los óvulos
desde los ovarios hasta el útero); otras mujeres presentan dolor
en la parte inferior del vientre, dolor de espalda, náusea,
fiebre, dolor durante las relaciones sexuales o sangrado entre los
períodos menstruales. La infección clamidial del cuello
uterino puede propagarse al recto.
Los hombres con signos o síntomas podrían presentar secreción
del pene o una sensación de ardor al orinar; también
pueden sufrir de ardor y picazón alrededor de la abertura del
pene. El dolor y la inflamación de los testículos es
poco frecuente.
Los hombres o mujeres que tienen relaciones sexuales con penetración
anal pueden contraer la infección clamidial en el recto, lo
cual puede causar dolor, secreciones o sangrado en el recto.
La infección por clamidia también puede presentarse en
la garganta de las mujeres y hombres que han tenido relaciones sexuales
orales con una pareja infectada.
Si no es tratada, la infección puede avanzar y causar graves
problemas reproductivos y de salud con consecuencias a corto y largo
plazo. Al igual que la enfermedad, los daños que causa la infección
a menudo no se perciben.
En las mujeres, si la infección no es tratada, puede propagarse
al útero o a las trompas de Falopio y causar enfermedad
inflamatoria pélvica (EIP). Esto ocurre hasta en un 40 por ciento de las
mujeres que tienen la infección por clamidia y no han recibido
tratamiento. La EIP puede causar daño permanente a las trompas
de Falopio, al útero y a los tejidos circundantes. El daño
puede llegar a causar dolor pélvico crónico, infertilidad
y embarazo ectópico (embarazo implantado fuera del útero),
el cual puede causar la muerte. Si están expuestas al virus
del VIH, las mujeres infectadas por clamidia tienen hasta cinco veces
más probabilidades de infectarse.
Para ayudar a prevenir las graves consecuencias de la infección
por clamidia, se recomienda que las mujeres sexualmente activas de
25 años de edad o menos se realicen una prueba de detección
de la clamidia al menos una vez al año. También se recomienda
que las mujeres mayores de 25 años con factores de riesgo de
contraer clamidia (por ejemplo, si tienen una nueva pareja sexual o
múltiples parejas sexuales) se realicen la prueba de detección
anualmente. Todas las mujeres embarazadas deben hacerse una prueba
de detección de la clamidia.
Las complicaciones entre los hombres son poco comunes. En ocasiones,
la infección se propaga al epidídimo (el conducto que
transporta el semen desde los testículos) y causa dolor, fiebre
y, rara vez, esterilidad.
En muy pocos casos, la infección clamidial genital
puede causar artritis que puede estar acompañada de lesiones
en la piel e inflamación de los ojos y de la uretra (síndrome
de Reiter).
Hay cierta evidencia de que en las mujeres embarazadas, las infecciones
clamidiales que no reciben tratamiento pueden propiciar partos prematuros.
Los bebés que nacen de mujeres infectadas pueden contraer infecciones
clamidiales en los ojos y en las vías respiratorias. La infección
por clamidia es una de las causas principales de neumonía precoz y
conjuntivitis en los recién nacidos.
Existen pruebas de laboratorio para diagnosticar la infección por
clamidia. En algunas pruebas se analiza la orina y en otras se requiere
que la muestra sea obtenida de zonas como el pene o el cuello uterino.
La infección por clamidia puede ser fácilmente tratada
y curada con antibióticos. Los tratamientos usados más
frecuentemente son una dosis única del medicamento azitromicina
o una semana de tratamiento con doxiciclina (dos veces al día).
Las personas VIH positivas que tienen la infección por clamidia
deben recibir el mismo tratamiento que las personas que son VIH negativas.
Todas las parejas sexuales deben ser evaluadas, hacerse las pruebas
y recibir tratamiento. Las personas con infección por clamidia
deben abstenerse de tener relaciones sexuales hasta que ellas y sus
parejas sexuales hayan terminado el tratamiento, de lo contrario podrían
volverse a infectar.
Las mujeres cuyas parejas sexuales no han recibido el tratamiento
adecuado corren un alto riesgo de volverse a infectar. Tener infecciones
múltiples aumenta el riesgo de que la mujer tenga graves complicaciones
que afecten su salud reproductiva, como la infertilidad. Las mujeres
deben considerar hacerse otra prueba tres o cuatro meses después
de finalizar el tratamiento. Esto es de especial importancia cuando
la mujer no sabe si su pareja sexual ha recibido tratamiento.
La manera más segura de evitar el contagio de enfermedades
de transmisión sexual es abstenerse del contacto sexual o tener
una relación estable, mutuamente monógama, con una pareja
a quien se le han hecho pruebas y se sabe que no está infectada.
Los condones de látex en los hombres, cuando se usan de manera
habitual y correcta, pueden reducir el riesgo de transmisión
de la clamidia.
Los CDC recomiendan que todas las mujeres sexualmente activas de 25
años de edad o menos y las mujeres de más edad con factores
de riesgo de infecciones clamidiales (quienes tienen una nueva pareja
sexual o múltiples parejas sexuales), así como todas
las mujeres embarazadas se hagan anualmente pruebas para detectar esta
enfermedad. El médico debería siempre hacer una evaluación
de riesgos de enfermedades sexuales, la cual podría indicar
la necesidad de realizar pruebas de detección con mayor frecuencia
en ciertas mujeres.
Cualquier síntoma en el área genital como por ejemplo
una llaga poco usual, flujo con olor, sensación de ardor al
orinar o sangrado entre ciclos menstruales, podría significar
que la mujer tiene una infección por una ETS. Si la mujer tiene
alguno de estos síntomas, debe dejar de tener relaciones sexuales
y consultar con un médico de inmediato. El tratamiento temprano
de las enfermedades de transmisión sexual puede prevenir la
EIP. Las mujeres a las que se les informó que tienen una enfermedad
de transmisión sexual y están recibiendo tratamiento
deben comunicárselo a todas sus parejas sexuales recientes (con
las que tuvieron relaciones sexuales en los últimos 60 días),
para que consulten con un médico y se hagan las pruebas para
saber si tienen una ETS. No se debe reiniciar la actividad sexual hasta
que todas las parejas sexuales hayan sido examinadas y, en caso de
ser necesario, hayan recibido tratamiento.
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